IVONNE ORTEGA PROPICIÓ OSCURO NEGOCIO EN EL AEROPUERTO DE KAUA

IVONNE ORTEGA PROPICIÓ OSCURO NEGOCIO EN EL AEROPUERTO DE KAUA

Ordenó al gobierno comprar en 2008 las  acciones de Emilio Díaz Castellanos en la empresa, por más  de $79 millones, no obstante que ésta se encontraba al borde de la quiebra

 

MÉRIDA, YUC.  A 19 DE  MARZO DE 2016. —  El aeropuerto de Kaua no solo resultó un “elefante blanco” y un dolor de cabeza para el gobierno del Estado, sino también sirvió, al parecer, para enriquecer a empresarios y funcionarios que participaron en su creación.

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Emilio Díaz Castellanos, dueño de Foster S.A de C.V.

Según datos obtenidos por la red de investigadores de Mayaleaks, en fuentes oficiales, en 2008, por ejemplo, sin justificación financiera y como un aparente acto de favoritismo, la entonces gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco, pagó más de $79 millones de recursos públicos al empresario Emilio Díaz Castellanos por el 24 por ciento de las  acciones que tenía del aeropuerto de Kaua, que entonces era un negocio quebrado, como lo sigue siendo hasta ahora.

No obstante, el gobierno estatal decidió asumir los costos financieros de esa obra mal planeada y proteger la inversión de Díaz Castellanos, quien recibió de Ortega Pacheco casi el doble del capital que había aportado ocho años antes —$37 millones— cuando se asoció con el gobierno en la construcción de esa terminal aérea.

En la primera parte de este informe especial de Mayaleaks, sobre el aeropuerto de Kaua, (http://mayaleaks.org.mx/el-aeropuerto-de-kaua-otro-elefante-blanco-sus-ingresos-diarios-414/), publicamos que esa terminal, una de las obras emblemáticas de Víctor Cervera Pacheco, se encuentra prácticamente en quiebra y en riesgo de perder su registro como aeropuerto internacional.

Sus ingresos anuales ascienden a $151,278 ($414 diarios), y sus egresos a $3,895,224 ($10,671 al día), en tanto las pérdidas acumuladas suman casi $27 millones, desde su apertura en el año 2000.

SOCIOS. La terminal aérea de Kaua es propiedad de la empresa Aeropuerto Internacional de Chichén Itzá, S.A de  C.V., fundada en 1999 por tres socios: los gobiernos  federal y estatal y la empresa Foster, S.A. de C.V. , propiedad de Díaz Castellanos.

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La Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) entregó a Aeropuerto Internacional de Chichén Itzá, ese año, la concesión para operar el aeropuerto de Kaua, cuya inversión inicial, según información oficial, ascendió a $134.5 millones, divididos así: $65.5 millones aportó el Gobierno Federal, por medio de la SCT; $32 millones, el  gobierno del Estado y $37 millones, Foster. Por esta cantidad, esta empresa adquirió 247 acciones, de un total de mil acciones de la compañía. Posteriormente, el Gobierno Federal cedió sus acciones al gobierno del Estado y al Patronato Cultur.

Cervera Pacheco incluyó a Díaz Castellanos en el proyecto del aeropuerto debido, se dijo entonces, a su experiencia en el ramo aeroportuario. Por esas fechas Foster tenía la concesión de las instalaciones FBO de los aeropuertos de Cancún y Mérida, aunque luego, al privatizarse los aeropuertos en el país, se desligó de ese negocio.

Dicas, otra empresa de Díaz Castellanos, se encargó de la construcción del edificio de  la terminal, de las pistas y de las demás instalaciones.

PURAS PÉRDIDAS. Para participar en la operación de la terminal, los tres socios de Aeropuerto Internacional de Chichén Itzá, S.A de  C.V.,  formaron a su vez otra compañía, Operavi, encargada de la administración de la terminal aérea. En ella Foster tenía un porcentaje minoritario de las acciones.

Según el Registro Público de la Propiedad, los accionistas de Foster son Díaz Castellanos y varios de sus familiares directos. Como administrador único aparece Carlos Heredia Trujillo.

Desde su apertura en el 2000, como ya dijimos, este aeropuerto solo acumula pérdidas. Entre ese año y 2007, según cálculos extraoficiales, la terminal tuvo gastos de operación de casi $37 millones e ingresos de $11 millones. El déficit de $26 millones fue absorbido por los tres socios. A Foster le correspondió dar $6,240,000, en ese periodo, a razón de $1,040,000 anuales.

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Ivonne Ortega y Plácido Domingo, en la “reinauguración” del aeropuerto de Kaua, en 2008.

COMPRA AMAÑADA. No obstante esta situación, y en forma inexplicable, el gobierno de Ivonne Ortega compró el paquete accionario de la empresa de Emilio Díaz —247 acciones valuadas cada una en $319,097— en $79,262,350. De este modo el gobierno se quedó con 998 acciones de la empresa quebrada y Cultur con dos acciones, valuadas en $641,200, cada una, dicen documentos oficiales consultados por  Mayaleaks.

En su momento, la gobernadora Ortega Pacheco explicó que el monto del pago se determinó con la participación de tres empresas valuadoras, las cuales hicieron levantamientos en todo el terreno que ocupa la terminal de Kaua y verificaron la situación de la infraestructura.

De acuerdo con declaraciones de la funcionaria a la prensa, la transacción se completaría en tres pagos. El primero, de $30 millones, se realizó en abril de 2008, con la firma de la compraventa de las acciones. El segundo pago, de $43 millones, se hizo un mes después y los $5 millones restantes se liquidaron en octubre de ese año.

OTRO ENGAÑO. Los más de $79 millones que recibió Foster en 2008 equivalen a 7,534,443 millones de dólares. En 1999, esta empresa aportó $37 millones, igual a 3,915,343 millones de dólares, a Aeropuerto Internacional de Chichén Itzá, S.A de  C.V.,  es decir, en lugar de asumir los costos financieros del mal negocio que ha significado el aeropuerto de Kaua, Díaz Castellanos duplicó su inversión en ocho años, gracias a Ivonne Ortega Pacheco.

Para justificar esta oscura operación, la entonces gobernadora declaró que “con la compra de las acciones todas las ventajas son para el Estado, porque haremos de Kaua el gran aeropuerto del turismo cultural en el Sureste, una terminal de clase mundial”.

Acto seguido, remozó las  instalaciones del aeropuerto y lo inauguró por segunda ocasión con un concierto de Plácido Domingo en Chichen Itzá el 2 de octubre de 2008.

—El cantante se fue y el aeropuerto siguió igual que antes, nada cambió —dice un empleado de la terminal.

 

Continuará

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